Segundo tiempo: parte 3

La ascensión

Desde los infiernos

Mismo tiempo, otro lugar…

Parte 3

Atención: en esta historia se describen escenas de violencia y violencia sexual que pueden herir a víctimas sensibilizadas

Estas escenas aparecerán destacadas para poder evitarlas en caso necesario.

Cea salió de la autocasa y se encontró con Evo con los pantalones por las rodillas manipulando su flácido pene.

−¿Qué haces? −Gritó Cea

−Como lo consiga, hoy tenemos fiesta. No puedo perder esta oportunidad. Tenemos dinero…

−Pero ¿qué dices? ¿Quieres que nos expulsen del clan? ¿Te has vuelto completamente loco?

Evo se dio repentinamente la vuelta y, sin subirse los pantalones, con su pene flácido, cogió a Cea por los senos y al empujó con brusquedad contra la autocasa.

−¡Otra vez jodiendo! −Le gritó− Ya casi lo había conseguido −y le pegó un tremendo bofetón que la hizo caer al suelo.

Cea se incorporó con dificultad mientras decía

−Solo tengo que hacer un gesto para que todo tu clan se entere de lo que está pasando. Vuelve a ponerme la mano encima y te aseguro que te pasarás las pocas horas que te queden de vida vagando por el desierto.

Evo volvió a llorar como un niño mientras se subía los pantalones

−Tienes toda la razón, perdona. No sé ni lo que hago… Perdona

Se acercaba a Cea con la intención de abrazarla, pero esta lo apartó bruscamente, mientras manipulaba el lateral de la autocasa para conectar el depósito de agua a un nuevo bidón. Evo volvió a la autocasa. Cuando Cea comprobó que ya no estaba, sacó un dispositivo del lateral de la autocasa, accionó unas teclas y esperó. Al cabo de unos segundos, una figura de una mujer se materializó ante ella y ella empezó a llorar desconsoladamente.

−Mama, que ya no puedo más, que me vuelvo. Hablad con los suegros, por favor. En cuanto terminemos este trabajo, me vuelvo con vosotros −el llanto apenas la dejaba hablar.

−Sí, sí, mi niña. Tú padre lo arregla con los del clan, no te preocupes. Vente. Pero, dime la verdad, ¿te ha pegado, hija?

−No, mama, no −si Cea contaba la verdad, su clan podía matar a Evo, no sin antes torturarlo, y eso podía suponer una posterior guerra de clanes que se cobraría varias vidas.− Solo que está todo el día drogado, mama, y yo no quiero eso.

−Bueno, mi niña, ya hablaremos, pero sabes que luego tendrás que pagar tu deuda.

−Hoy he hecho mi primer trabajo sexual, mama. Creo que puedo con todo. −el gesto de su madre se torció notablemente al oír eso− Mama, no seas antigua, hoy todas lo hacen.

−Sí, mi hija, pero no quiero yo eso para ti −se echó a llorar− No me refería a eso yo, que tú eres muy lista y vales mucho, mi niña −continuó llorando y se oyó una voz lejana preguntando quién era y la madre sorbió su llanto automáticamente mientras caminaba y cambió drásticamente su tono para contestar feliz−. Es tu hija..

−No, mama, no, no quiero que me vea así

−Pero tiene que colgar −dijo su madre en voz alta al aire para luego susurrar− adiós, hija. Ya hablamos

La madre de Cea lo había entendido todo a la perfección: sabía que Evo pegaba a su hija y que ella no quería que en su familia se supiera para evitar una guerra entre clanes. Evo, sabedor de su ventaja, precisamente, actuaba con impunidad debido a esta circunstancia.

Al entrar en la autocasa, Cea se encontró un panorama poco alentador: Evo estaba tumbado en la cama del habitáculo de sueño de ambos, con la compuerta abierta de par en par y todas las luces encendidas, tenía las extremidades inertes y los ojos abiertos mirando al infinito y gemía y se retorcía mientras eyaculaba manchándolo todo. Afortunadamente, Igna se había encerrado en su dormitorio, que estaba absolutamente aislado del sonido y del aire del resto de la casa. Cea esperó pacientemente a que terminaran las convulsiones de Evo, mientras extraía un pañal de un cajón, y, cuando se quedó completamente quieto, comenzó a colocárselo

−Eres un cabrón malnacido −Cea hablaba tranquila porque sabía que Evo no podía oírla− Te vuelves a drogar en medio de un trabajo y ni te molestas en ponerte el pañal y cerrar para aislarte. Pero no te preocupes, esto se acabó, tenlo por seguro, se acabó… −y Cea comenzó a llorar mientras intentaba limpiar los restos de semen de Evo de donde podían verse.

Cerró la compuerta del dormitorio donde estaba Evo que volvía a tener una erección notable bajo el pañal, sacó de otro cajón un tatami y un saco y los extendió en el suelo. Introdujo unas coordenadas en el ordenador de abordo. El vehículo comenzó a moverse lentamente y ella se tumbó en el suelo.


A Cea la despertó Igna moviéndola suavemente

−¿Va todo bien?

Cea abrió los ojos y notó la claridad que inundaba el espacio. El cuarto de Igna estaba abierto y se veía a través de la enorme ventana que viajaban a gran velocidad. El cuarto de Igna estaba perfectamente ordenado y de él salía un agradable aroma a frutos cítricos.

−¡Qué bien hueles! −Fue lo único que acertó a decir Cea. Apenas había dormido en toda la noche. Tenía serios problemas de insomnio los días posteriores al consumo de drogas. Cuando Igna la despertó no llevaba ni dos horas durmiendo. −Sí, sí, todo bien, ¿tú?

Igna reía por el comentario de Cea

−Es mi perfume. Yo he dormido fenomenal. Ya he desayunado, pero tú ni te has enterado. Me despertó el desplegar de las velas y el aumento de velocidad. ¿Por qué estás aquí? −Bajó notablemente el volumen− ¿Tu chico?

−No te preocupes, no puede oírnos, los dormitorios están insonorizados. Me quedé aquí para vigilar el ordenador −mintió Cea

−¿No tienes acceso desde ahí? −Igna señalaba el lugar donde estaba Evo.

−Está estropeado −volvió a mentir Cea.−Yo también voy a desayunar, tengo hambre −Cea intentó cambiar de tema.

−¿No se despierta tu chico? −Igna estaba seriamente preocupada.

−No te preocupes por él, créeme. −Cea sabía que aún estaría drogado y en ese momento no quería pensar en lo que pasaría cuando se despertara, teniendo en cuenta que no tenían antipost.

Cea se dispuso a recoger el tatami y el saco y a limpiarse con toallitas húmedas las partes del cuerpo con glándulas sudoríferas. Se deshacía de las toallitas en el baño químico. Después se vistió con la misma ropa del día anterior y comenzó a maquillarse ante un espejo.

−Ya me llamó ayer la atención. ¿Tú no te maquillas? −Le preguntó a su huésped

−He pasado una vida maquillada y mancillada también… −se le llenaron los ojos de lágrimas− pero eso se acabó.

−Mira, no tengo ningún interés en conocer nada de ti. Cuanto menos sepa, mejor, por mi seguridad, pero, ahora que sacas el tema, me gustaría comentarte algo, porque no dejo de darle vueltas. Ayer hice mi primer trabajo sexual, con una pareja de lesbianas, bastante atractivas, una de ellas con pene… − Igna la escuchaba con atención y con el gesto muy serio−, pero no me gustó. No me gustó nada y, es más, me dio hasta asco y eso que solo se trató de hacerle una mamada a Dosis, la mujer con pene, mientras Deseo, su novia, me hacía un dedo… Pagaron bien, pero…

−¡No lo hagas nunca más! −Le gritó Igna interrumpiéndola− Es todo una mierda −Igna miraba fijamente a los ojos a Cea−. Es todo mentira. No te gustó, porque no te tiene que gustar. Es todo un jodido engaño.

Cea la miraba atónita. No se podía creer que la mayor Sex Star del país le estuviera diciendo eso.

−Pero entonces… −tartamudeó

−Entonces, si fuera algo tan maravilloso ¿por qué no hay peleas por practicarlo? ¿Por qué hay tan pocos hombres haciéndolo?

Por primera vez en su vida, Cea empezó a plantearse algunas cosas.

−Bueno, si te digo la verdad, el mal trago (y nunca mejor dicho, jejej) que pasé ayer habría merecido la pena por todo el dinero que tienes tú.

−¡JA! ¿Dinero? ¿Quieres saber la verdad? −Igna parecía furiosa.

−¡No! −Gritó Cea

−Me da igual: dinero una mierda. Todo se lo queda mi representante. T O – D O. A mí me va soltando para mis caprichos. Sí: una casa en la playa, todo el agua que quiero y más… Nada merece la pena. Nada merece que diez o quince hombres te penetren vaginal, analmente, por la boca, todos los días.. Si estoy aquí es porque apuñalé decenas de veces a mi representante, que lleva violándome desde que tengo doce años y tiene treinta más que yo, y le robé todo el dinero con ayuda de una hacker que hace días que abandonó el país.

−Te dije que no lo quería saber… −Cea hablaba con poca convicción.

−Pero, si lo sabe todo el mundo, está en todos los medios.

En realidad, los medios decían cosas mucho peores de ella

−El muy imbécil creía que llegaría a ser eterno, ¡JA! ¡Toma eternidad, mamón!

Cea miraba a Igna con mucha admiración.


Cuando el sol alcanzaba el mediodía, se abrió la compuerta del dormitorio de Cea y Evo y un hedor insoportable inundó la estancia. Ambas mujeres reprimieron unas náuseas y Cea le hizo señas a Igna para que se introdujera en su cuarto, lo cual hizo y cerró la compuerta tras de sí.

Cea ya se había adelantado y se acercó a Evo con un recipiente para que vomitara. Mientras lo hacía, Cea manipuló el ordenador de abordo y el trasnporte se detuvo lentamente. Cea se puso una mascarilla anti olor y habló

−En cuanto puedas, haz el favor de salir afuera y tirar ese pañal. Lleva toallitas, límpiate y luego vuelves.

Evo la miró con un hilo de vómito cayendo de su boca

−¿Cómo pretendes que salga con el calor que hace ahora? −Le gritó con una voz rota y un tono lleno de inflexiones involuntarias.

−Envuelto en una sábana, como ya has hecho en otras ocasiones. Te recuerdo que estamos en medio de un trabajo.

¿Por esa puta asesina? ¡No me jodas!

Cea tuvo que esforzarse mucho por contenerse

−Es un trabajo, Evo.

Con mucha dificultad y movimientos lentos, hizo lo que Cea le ordenaba.

−Hay que conseguir un antipost

−Ahora no podemos y eso ya lo sabías ayer cuando decidiste drogarte.

−Me drogué porque tú me cortaste cuando…

No pudo terminar porque le fallaron las piernas y cayó al suelo hecho un nudo de piernas y brazos medio desnudo como estaba. Cea sufrió para contener la risa. Le acercó la tela oscura para que se cubriera y salió. Por un momento estuvo tentada de poner la vivienda móvil en marcha y dejarlo allí, pero sabía que eso supondría una guerra, si no era repudiada ella por ambos clanes. El sistema de ventilación terminó de limpiar el aire y el mal olor ya había desaparecido cuando Evo volvió a entrar ya limpio. Se quitó la túnica y se vistió con la misma ropa que el día anterior. Los dibujos de su torso estaban ajados y transmitían una desagradable sensacion de suciedad.

−Todo esto es culpa tuya. Ayer estaba a punto de conseguirlo cuando me interrumpiste.

−Ya hablaremos de eso, Evo. Ahora tenemos trabajo

−¡TRABAJO Y UNA MIERDA!

Tras gritar, tuvo que entrar corriendo al baño químico a vomitar.


Pasaron varias horas hasta que a Evo empezaron a remitirle los peores efectos del despertar de las drogas. Se tuvieron que detener en varias ocasiones para vaciar el baño químico y volver a llenarlo del líquido, que se estaba agotando. El viaje se estaba retrasando y no estaba ya garantizado que llegaron antes de anochecer. En diversas ocasiones Evo tenía que echarse en la cama y cerrar la compuerta para quedar a oscuras. Entonces Cea avisaba a través del comunicador a Igna para que pudiera salir un rato.

Pararon en un área comercial, con baños legales en los que se asearon con agua y jabón, y compraron líquido para el baño químico.

Las baterías no estaban suficientemente cargadas y tuvieron que parar durante la noche.

Afortunadamente, les quedaba algún somnífero y Evo durmió toda la noche, al igual que Cea, que estaba realmente agotada. Durmieron juntos por primera en varios días.

Cea se despertó porque notó a Evo manoseando sus senos

−Te pido perdón, amor mío, por lo que te hice pasar ayer… Pero, mira

Evo señaló su pene que estaba en erección.

Cea sonrió y comenzaron a besarse. En esos momentos olvidó todo lo que había hablado con su madre y todas sus intenciones.

−Yo te quiero, Evo, te quiero de verdad. Si dejas esa mierda, todo volverá a ser como antes

−Yo también te quiero, amor mío. Ya lo estoy haciendo bien. La última vez solo tomé una pastilla..

Cea sabía que eso no era cierto, pero le dio igual. Se dejó llevar por el ritual sexual. Evo se puso encima de ella que abrió las piernas para recibirlo, mientras se besaban apasionadamente. Evo se separó y comenzó a lamerle los senos y continuó hasta su vulva, practicándole un cunilingus que hizo a Cea vibrar en un gran orgasmo. Entonces Evo volvió a la posición anterior y se dispuso a penetrarla y justo en es momento perdió la erección. Cea intentó recuperarla mediante una felación sin conseguirlo. Entonces Evo la apartó bruscamente y hundió su cara entre sus manos.

−Al menos uno de los dos se lo ha pasado bien. Dos polvos llevas ya, frente a ninguno mío.

−¿Dos? −Preguntó Cea ingenua.

−¡SÍ, DOS! −Le gritó Evo−: uno con Dosis y Deseo y otro conmigo −Evo abrió bruscamente la compuerta y descendió del dormitorio desnudo sin importarle si Igna estaba en la zona común

−Verás, Evo, que sepas que lo de Dosis fue una mierda y me dio mucho asco. Por eso vomité −le confesó Cea mientras se ponía las bragas y la camiseta y descendía también a la zona común

−¡PORQUE ERES UNA ESTRECHA DE MIERDA! ¡PORQUE NUNCA QUIERES QUE LO HAGAMOS CON OTRA TÍA! −Evo la había cogido por el cuello y comenzaba a estrangularla. Cea intentaba librarse de él, pero era incapaz. No entendía de dónde había sacado tanta fuerza. Pronto, al no poder respirar, perdió ella la fuerza y no podía librarse de él. Todo le empezó a dar vueltas y la conciencia se le iba− ¡POR TU CULPA NO SE ME LEVANTA! ¡POR TU CULPA NO PUDE FOLLARME A LA MEJOR PUTA DEL PAÍS! ¡POR…

Justo cuando Cea ya perdía totalmente la conciencia una detonación atronó en la autocasa y Evo dejó de apretar y cayó al suelo.


Cuando Cea recobró la conciencia, lo primero que vio fue a Igna con la cara llena de lágrimas, temblorosa, apuntándola con una pistola. Después vio a Evo inerte en el suelo sobre un charco de sangre.

−¿Está…? −Intentó hablar, pero no tenía voz

−Si, está muerto y tú ahora vas a sacar ese cuerpo de aquí y me vas a llevar hasta la frontera, como estaba pactado, si no quieres acabar como él. Sé de sobra ir sola, pero te voy a dar la oportunidad de vivir, porque tú no tienes la culpa de todo lo que ha jodido este imbécil.

−¡¡¡EVO!!! −intentó gritar Cea, sin lograrlo, porque no tenía voz y se arrastró llorando hasta su cuerpo.


Las dos jóvenes, en estado de shock, estaban sentadas una frente a la otra cariacontecidas, tenían la ropa machada de sangre y la pistola encima de la mesa; miraban la gran mancha del suelo y en las ventanas de los dormitorios que tenían las compuertas abiertas se observaba el paisaje que pasaba a gran velocidad.

−¿Siempre llevas pistola? −habló Cea tras largos minutos de silencio.

−No, pero ¿no la llevarías tú en este viaje si fueras yo?

−La llevaría sin ser tú, pero en nuestro clan solo las llevan los hombres. A Evo no se la dan por cómo es… era −un nudo en la garganta le impidió seguir e Igna le cogió las manos.

−Agradéceselo al clan, porque si hubiera llevado pistola, te habría matado hace tiempo…

−No puedo volver −la interrumpió Cea.

−¿Por qué? Intentó matarte. Tienes los registros vitales: una décima de segundo más que hubiera tardado en disparar y tú también estarías muerta. Fue en defensa propia… ¿Qué digo en defensa propia? Yo lo maté.

−Por eso, precisamente. Debería haber avisado al clan, que te habría entregado automáticamente a las autoridades y luego habrían decidido qué hacer conmigo.

−Pero yo te apunté con una pistola…

−Al principio sí, Igna, pero no la necesitaste…

−Y eso solo lo sabemos tú y yo…

−No, créeme, no, que conozco los clanes. Si no llego a bloquear la comunicación con los dos ya los tendríamos aquí. No tardarán en descubrirlo igualmente… No puedo volver… −comenzó a llorar copiosamente e Igna la abrazó.

−Mira, pues ya está. Ven conmigo. Al otro lado de la frontera hay gente esperándonos

−¿Lo sabes seguro?

−La hacker que me ayudó es mi novia y está en contacto con gente que nos ayuda; me dio las coordenadas exactas. Además, no tenemos otra escapatoria. ¿Qué pretendes hacer, si no?

−¿Eres lesbiana? −Igna asintió −¿Por eso lo pasaste tan mal como prostituta?

−No, no tiene nada que ver con eso. He tenido sexo con mujeres a cambio de dinero, sobre todo para que otros hombres miraran o intervinieran. Ni a ellas ni a mí nos gustaba generalmente. Algunas sí lo disfrutaban, pero yo no, creéme. Ni con esa experiencia que tú has contado hubiera disfrutado.

No, no, no −Cea agitaba las manos indicando exageración Con Deseo sí hubieras disfrutado. Es la mujer más guapa que he visto… Bueno… Tú también, pero… Es que ella gusta a todo el mundo. Me habría gustado hasta a mí, que no me gustan las mujeres, pero…

−No tiene nada que ver con eso. No me habría gustado tampoco con Deseo, que seguro que no se llama así. ¿Es prostituta?

−No, no… Bueno, a veces sí. Dosis cobra mucho por hacerlo con ella. Es una de sus novias, pero es la que siempre enseña porque es la más guapa. La lleva con él a todas partes a modo de trofeo. En realidad no sé si alguna vez alguien se ha acostado con ella, porque pide mucho. Solo un eterno podría pagarlo, pero dicen que ellos no tienen sexo…

−Sí, sí, sí que tienen… Créeme −el gesto de Igna reflejó odio−. No todos son máquinas. Algunos son de carne y hueso, como tú y yo. Y tienen polla, y lengua −a Igna le dio una arcada−. Ahora ya pueden disfrutar del sexo. No es como antes.

Cea miró a su alrededor y suspiró

−¿Sabes? En realidad yo siempre pensé en cruzar también. Cuentan tantas cosas buenas y malas de al URF que ya no sabes qué creer, pero mi vida aquí es una mierda. Nunca podré hacer otra cosa, salvo trabajo sexual y ya ves tú… Este país es una mierda. No me imagino otro peor, la verdad… Dicen que en el otro lado es igual, pero al revés: que somos nosotras las que nos aprovechamos de ellos, que no follan y que a los hombres que follan con ellas, les cortan la polla… Pero, si te digo la verdad, sé muy bien en cuál de los dos lados quiero estar…

−No es así para nada −Igna rio−, ya lo verás.

−Bueno, llegó el momento… Voy a anular todas mis conexiones. −Cea sacó un dispositivo de un cajón, similar al que había usado para despertar a Evo al inicio de su última aventura y comenzó a acercarlo a diferentes salientes metálicos pequeños en su piel y a apretar un botón del dispositivo cada vez que tomaba contacto, sin dejar de llorar.


El vehículo se detuvo lentamente.

−Aún es de día. No podemos cruzar estando aquí dentro. Hay que hacerlo andando. Deberíamos esperar a que oscurezca, pero la baliza que dejamos en Evo pronto enviará su localización al clan…

Cea no había querido que la familia de Evo no pudiera despedirse bien y les había señalado donde estaba el cuerpo; también había dejado un mensaje con todo lo que había ocurrido. Había programado otro mensaje similar para su familia de origen. Comenzó a llorar nuevamente, pero frenó su llanto y se levantó para empezar a prepararlo todo.

−Si no pagas al clan, podremos usar ese dinero…

−Donde vamos no lo necesitaremos, no usan dinero −Cea abría sus ojos exageradamente como señal de que no podía creerse lo que oía e Igna volvió a reírse−. Ya verás cómo es mucho mejor de lo que crees. Déjame pagarles. Es mejor. Igual así, se calman un poco.

−En cuanto les pagues, nos localizarán y vendrán a por nosotras. Hay que darse prisa −Cea hablaba mientras se desnudaba y limpiaba bien con toallitas húmedas.

Ambas jóvenes salieron ya limpias de la autocasa. Cea llevaba su eterna falda y el corsé e iba maquillada. Estaban cargadas con enormes mochilas y comenzaron a andar. Ante ellas apareció un enorme muro de hormigón coronado por una enorme alambrada de concertinas… Se había extendido entre la población que la construcción del muro se había debido a la intención de evitar la entrada de terroristas de la URF, pero, en realidad, era para impedir la salida de perseguidos políticos.

Un chico envuelto en una túnica las esperaba.

−Somos dos −dijo Cea

−Esperaba solo a una

−En esa autocasa hay más de treinta bidones de agua: son tuyos, junto con la autocasa y todo lo que hay dentro.

Cea y el joven se acercaron y Cea le mostró todo.

−De acuerdo. Os paso a las dos.

−Tenemos un poco de prisa…

−He dicho que os paso a las dos, no que lo vaya hacer cómo y cuándo me digáis −había bastante de pose en su manera de hablar. Era muy joven y debía hacerse respetar. Cea conocía esos códigos y sabía que no significaba más que eso.

El joven las condujo hasta una gran escalera que llegaba hasta arriba del muro, libraba la concertina y bajaba por el otro lado. Cea miró al joven con cara de pocos amigos al comprobar que a él no le suponía nada el número de personas a cruzar, pero concluyó que era mejor así, porque, si no le hubiera pagado, la habría retenido creyendo que podría sacar algo por ella. Ambas subieron por la escalera y al llegar arriba del todo, Cea pudo observar con las últimas luces del sol, ya que estaba atardeciendo, un grupo de vehículos que se acercaban a lo lejos.

−Creo que nos han localizado. Tenemos que darnos prisa….

Descendieron apuradamente por el otro lado.

−Ahora que ya estamos aquí te lo puedo decir −le decía Igna mientras bajaban−: hay hombres de la URF inflitrados en nuestro país para ayudarnos. Por eso logramos huir.

−¿Hombres? −preguntó Cea jadeante.

−Claro, no querrás que infiltren a mujeres con lo que les puede pasar.

Cuando se apearon, la escalera se replegó. Ya estaban en la URF. Jadeantes por el esfuerzo y los nervios se sentaron en silencio asustadas y agotadas viendo atardecer. Por la cabeza de Cea se sucedían un sinfín de imágenes y emociones. No lloraba. Estaba aún en estado de shock. Después de un largo rato, cuando ya era de noche, sacaron de sus mochilas unas linternas para iluminarse y Cea río ante una ocurrencia que tuvo:

−Me alegro de que haya servido para esto mi trabajo sexual.

−Tu violación −la corrigió una voz de mujer que asustó notablemente a ambas mujeres que gritaron a la vez.

Iluminaron al lugar de donde procedía la voz y automáticamente Igna se tiró al cuello de la mujer que había hablado y se abrazaron y besaron apasionadamente mientras ambas lloraban

−¡Amor mío! Pensaba que ya no estarías esperando −logró decir Igna entre lágrimas.

−Hasta tres días esperan las cooperantes. Aún no han pasado. Yo habrás esperado toda una vida −y volvió a besar a Igna.−Seguidme

Las dos jóvenes se colocaron sus mochilas en la espalda, Igna cogió con un brazo a su chica y con otro a Cea por la cintura y las tres mujeres se alejaron andando abrazadas en medio de la noche.

FIN

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